Tragedias personales

Las historias de aquellas personas que han fallecido a causa de la rabia son aún más terribles cuando somos conscientes de que su muerte podría haberse evitado fácilmente con el tratamiento correcto.

A modo de ejemplo, se relata a continuación la trágica historia de una niña de Tanzania.

La nieta de L., que tenía cinco años, estaba arreando ganado cerca de la cumbre de una montaña a finales de noviembre del 2003, cuando un perro desconocido le mordió la oreja y le arañó la cabeza. Ella se dirigió al dispensario de Sale, luego al dispensario de Malumbo, y allí le recomendaron acudir al Hospital Regional de Wasso, bastante lejos de Malumbo. Sin embargo, como la herida ya se había cerrado, la chica no se dirigió al hospital. Después de dos semanas y media, la niña empezó a dar muestras de las sintomas de la rabia y le trasladaron inmediatamente a Wasso. El viaje tarda seis horas en coche, y sólo un coche suele pasar por el pueblo cada día. Lamentablemente, cuando llegó, ya era demasiado tarde. La pequeña falleció a finales de diciembre del 2003.